De vez en cuando
Estados Unidos amanece con la misma noticia. Un individuo (a veces mas de uno,
aunque generalmente actúan solos), a todas claras un tanto alienado, perpetra una
masacre en un sitio publico, o al menos en un lugar de masiva concurrencia. La
escena es casi idéntica en todas las situaciones: la persona esta fuertemente
armada y sin ninguna razón aparente ni previo aviso, abre fuego de manera
indiscriminada, matando e hiriendo a todos aquellos que estén a su alrededor. Ese
patrón se ha repetido innumerables veces a lo largo de la historia moderna de
este país. Basta recordar la matanza de Columbine el 20 de abril de 1999, en el
mismo estado de Colorado (no muy lejos del lugar donde esta última tuvo lugar),
o la de la Universidad Virginia Tech, donde un estudiante de origen coreano de
23 años mato a 32 personas (la mayoría compañeros suyos) y luego se suicidó. Estos
dos son algunos de los ejemplos, hay muchos mas casos lamentablemente que
engrosan la lista.
Llama la atención
que mayormente este tipo de hechos se da en los Estados Unidos, un país que a
las claras posee record en atentados por el estilo. Tal vez se deba a la facilidad
con que la gente accede aquí al uso de armas, o quizás a una suerte de cultura
de la muerte que podría decirse esta instalada en este sociedad desde hace
mucho tiempo (guerras, uso indiscriminado de armas, pena de muerte).
Sin embargo, algunas
veces, encontramos replicas de este tipo de locura, en otras partes del mundo. El
año pasado asistimos conmovidos a la masacre de Noruega el 22 de Julio del
2011, exactamente un año atrás. En esa
oportunidad un alienado de ultraderecha, hizo explotar una bomba en Oslo y
luego aterrorizo a miles en la isla de Utoya matando a un total de 93 personas.
Un episodio por demás espeluznante. Hasta en Argentina supo haber un caso de
similares características, aunque con muchas menos victimas gracias a Dios. Sucedió
en Carmen de Patagones, el 28 de Setiembre del 2004, en el Instituto Nro. 2
Islas Malvinas, donde un alumno de 15 años aparentemente cansado del “bullying”
que venia sufriendo, decidió descargar su frustración contra sus mismos
compañeros matando a tres de ellos e hiriendo a otros cinco.
Esta última vez en
Estados Unidos, el horror tuvo lugar en Colorado, en una localidad llamada
Aurora, muy cerca de Denver. Allí, durante el estreno de la ultima película de
la saga de Batman (la saga del talentoso director Chris Nolan), “The Dark
Knight rises”, un muchacho de tan solo 24 años se encargó de sembrar el pánico
y el terror entre los asistentes a la premier. Según las crónicas periodísticas
la masacre arrojó 12 muertos y alrededor de 71 heridos, muchos de ellos de
gravedad. La mayoría son muy jóvenes, hasta hay un bebé de 4 meses
contabilizado dentro de los heridos graves y una niña de apenas 6 años entre
sus victimas fatales. Quien puede dispararle a un bebé de 4 meses? Quien puede alcanzar
semejante grado de maldad? Según avanzaron las investigaciones se pudo saber
que el perpetrador de esta masacre, tal como suele suceder en estos casos,
planificó todos sus movimientos con sumo detalle y cuidado, como solo una mente
maléfica puede hacerlo. Esperó a que la película comenzara, y cuando ya llevaba
unos 20 minutos de proyección, simuló una llamada telefónica y salió de la sala
del cine por una de las puertas de emergencia. Lo hizo para regresar a los
pocos minutos por la misma puerta, ataviado como Bane, el nuevo villano de esta ultima película de Batman (aunque al
entregarse les dijo a los policías que el era “el Guasón”), vistiendo chaleco
antibalas, casco y mascara de gas. Armado con un rifle, un revolver y una
pistola de poco calibre comenzó su macabra acción. Hizo un primer disparo al
techo, arrojo una bomba de gas lacrimógeno, y luego comenzó a disparar en forma
indiscriminada, o tal vez no tanto, porque según los relatos de algunos de los sobrevivientes
parecía como si se encaprichara en dispararle a aquellos que huían
despavoridos, ejecutándolos sin piedad por la espalda. Muchos tardaron en reaccionar
(algo me hace pensar que a primera vista debe ser muy difícil reconocer la
locura extrema), muchos pensaron que lo que estaban presenciando formaba parte
de un “show” que realizaba el cine con
motivo del estreno, otros no identificaron el ruido de las balas y creyeron que
se trataba de fuegos artificiales. Lamentablemente muy pronto se darían cuenta
de que estaban equivocados y que estaban siendo victimas de un acto de paranoia
sin igual. Luego de aterrorizar a los asistentes por largos minutos y de
seguramente regocijarse con el miedo que les provocaba, abandonó el lugar y se
entregó sin resistencia alguna a las autoridades en el mismo estacionamiento
del complejo de cines. La mayoría suelen hacer lo mismo, no ofrecen resistencia
al momento de ser capturados (algunos incluso se suicidan). Pareciera como si
luego de cometer su barbarie se sintieran relajados y realizados, complacidos
con su propia maldad, como si de esa forma hubieran cumplido con su maldita misión
en esta vida. Ya no tienen otro motivo por el cual seguir viviendo. De algún
modo su propia vida se ha agotado en aquel trágico suceso del cual han sido ellos
mismos responsables.
Siempre me han
sensibilizado este tipo de masacres. Recuerdo el profundo impacto que tuvo
sobre mi la tragedia de Columbine. También en su momento, los detalles de la
masacre de Noruega me crisparon los nervios. Es que no logro entender tanta
locura. Que es lo que lleva a una persona a cometer un acto de semejante
naturaleza? Que motiva a un ser humano a tomar la vida de otros, así de manera
tan aleatoria, con tanto desprecio por los demás? Porqué encarnizarse con personas a las que ni siquiera conoce y que no
han hecho nada en su contra? Personas que tenían toda una vida por delante, que
tenían amigos, padres, hermanos, novias y novios que los amaban. Personas que
tenían sueños por vivir y mucho por brindarle a la sociedad.
En estos momentos
en los Estados Unidos se reabre el debate sobre la seguridad interna y la venta
de armas sin control. Un tema álgido para debatir en un año electoral, sin
dudas. A partir de lo sucedido el pasado viernes, los cines del país se han
visto fuertemente reforzados con presencia policial y hasta militar en algunos
casos. Al parecer ya ni a ver una
película podrá ir uno tranquilo. Intuyo que mucha gente dejará de hacerlo por
un buen tiempo, por temor a que algún otro loco suelto intente emular lo
sucedido en Aurora. Los relatos de los sobrevivientes y de los familiares de
las victimas fatales abundan por estos días en la televisión y en los
periódicos americanos. Todos tremendamente dolorosos y desesperantes. Dios nos
libre de una desgracia así.
No puedo dejar de
pensar en uno en particular. El caso de Jessica
Ghawi (o Jessica Redfield, como firmaba en su blog), una hermosísima muchacha
de 24 años. Jessica quería ser periodista deportiva, le gustaba el hockey sobre
hielo y escribía un blog. En Junio
de este año había estado visitando a su novio en Toronto, Canadá, y por muy
poco escapó a un tiroteo que tuvo lugar en el centro comercial Eaton de dicha
ciudad. Algo, una especie de presentimiento, la alejó aquella vez del patio de
comidas apenas dos minutos antes de que otro demente comenzara a abrir fuego a
mansalva en aquel lugar. En su blog Jessica reflexionó sobre esta experiencia que
sin duda la había afectado mucho. Estaba agradecida de haber seguido esa
especie de impulso que la llevó a alejarse del sitio. Un impulso, una
intuición, que le había salvado de alguna manera la vida. También estaba
abrumada por haber presenciado un acto criminal de esa envergadura en primera
mano. Lamentablemente para ella no sería el ultimo. Jessica murió el pasado 20
de Julio victima de las balas que disparó James Holmes, durante el estreno de
la película de Batman. Apenas un mes después del atentado en Toronto.
Hay quienes creen
en el destino de las personas. Muchos aseguran que de alguna manera todo ya
esta escrito de antemano, o al menos nuestro final. No se que creer, no me
gusta mucho esa idea, pero el caso de Jessica me hace pensar que quizás haya
algo de verdad en todo eso. Lo que si es real es que no tenemos control alguno
sobre nuestras vidas. Eso esta mas que a la vista con lo que acaba de suceder
en Colorado. No estamos a salvo en ninguna parte. En cualquier momento podemos
cruzarnos con un desquiciado. Desafortunadamente nadie esta libre de eso por
ahora. Viene a mi mente un viejo dicho que reza: “nadie muere en la víspera”. No
se, de pronto habrá que creerlo.
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